Quince quinces y un chorlito


Bidasoa, ¿con uve o con be?

Esa pregunta debieron hacerse los presidentes Sanz e Ibarretxe, Ibarretxe y Sanz cuando hace unas semanas les propusieron “sacar un ratillo” para juntarse y apretar al alimón una de las tuercas de la estructura del nuevo puente que cruzará el río Bidasoa. No conocen el río ni conocen sus responsabilidades. No cabe otra explicación. A ambos Endarlataza les pilla a desmano y no saben si lo que corre por allí es agua o vino. Lo que está sucediendo ha de ser producto de la ignorancia, si no resulta difícil entender el maltrato que está sufriendo este río a cuenta de la mejora de la carretera N-121-A. Eso sí, se está jodiendo el río “a bombo y platillo”, con prestigio y señorío. Como Calatrava andaba entretenido con su puente veneciano, buscaron un insigne de la tierra para que les hiciera la filigrana, el navarro Javier Manterola. El “Puente Manterola”. Suena bien y todo. Seguro que los ingenieros al acabar la carrera eligen nombre artístico para que la fatalidad de apellidarse Pérez o García no les desluzca un puente. El señor Manterola es un hombre sensible, biodiverso y sostenible y no hace mucho un periódico guipuzcoano recogía sus impresiones sobre la obra:

¿Realizar ese puente-arco responde a la necesidad de salvaguardar el ecosistema de los salmones? Así es. Estaban muy preocupados porque en la margen izquierda del río Bidasoa desovan los salmones, por lo que había que perturbar lo menos posible el lecho del río. Este tipo de cosas son cada vez más frecuentes, lo cual está muy bien. (Noticias de Gipuzkoa 23/09/07).

¡Pues menos mal que había que salvaguardar el ecosistema de los salmones! Las siguientes fotografías hablan por si solas:

Margen guipuzcoano del Bidasoa, futuro bidegorri.

Margen guipuzcoano del Bidasoa, futuro bidegorri.

Donde habia un cuartel te pongo un puente  ¡Menudo cambio!

Donde había un cuartel te pongo un puente ¡Menudo cambio!

¡De la margen derecha nunca más se supo!

¡De la margen derecha nunca más se supo!

Asi los salmones no se mojan cuando llueve

Así los salmones no se mojan cuando llueve

La primera imagen ilustra la sensibilidad ambiental de la administración guipuzcoana; las dos últimas la de la navarra. La segunda imagen nos permite deleitarnos con el susodicho puente. Son solo unos ejemplos. Desde aquí invitamos a recorrer el tramo de la N-121-A entre Sunbilla y Behobia para completar la galería de los horrores.

Nuestros amados “gestores y gobernantes” quieren hacernos creer que son tontos y no saben que:

1. Lo que ellos llaman “el ecosistema de los salmones” es algo más que esa sustancia húmeda que corre entre las piedras

2. La legislación actual (vasca y navarra) obliga a las administraciones  a mantener en un estado de conservación favorable los tramos del Bidasoa afectados por estas obras. No se trata tan solo de que el agua corra “aparentemente limpia”, el cauce debe conservar su estructura natural, deben circular los caudales que corresponden al régimen de precipitaciones de la cuenca (no al capricho de los centraleros), la depuración de las aguas residuales ha de ser eficaz, la vegetación natural que cubre las riberas ha de ser respetada como el elemento primordial que es para la dinámica del río,…

En fin, que el chorlito está cabreao. Tiene un primo andarríos y estas calamidades le tocan la vena sensible.

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